ETAPA 2 “CAMINO DE SANTIAGO 2009”: ASPARIEGOS (ZAMORA) – SANTIAGO DE COMPOSTELA

DIA 2 – 4/04/2009 RIONEGRO DEL PUENTE – PORTO

Distancia: 85.27 Km

Duración: 6:31:36

Velocidad Media: 13,05 Km/h

Velocidad Máxima: 56,81 Km/h

Altitud acumulada: 1583 m

 

0830h y, varios teléfonos comienzan a hacer ruidos de lo más variopintos a la vez, imposible no despertarse con tanto ‘pi, pi, pi, piiiiiii’ sonando por todas partes. Hemos tenido suerte, esta noche teníamos una habitación completa del albergue de Rionegro del Puente para nosotros, 6 personas para unas 20 camas con las bicis durmiendo bajo techo y seguras. ¿Qué más se puede pedir?, pues se me ocurre algo, una solución para la ronquera, esta noche Nando ha decidido unirse a Pablo en el concierto para “do mayor” y nos han deleitado con una sinfonía de ronquidos digna de los más peludos moteros. Incluir unos tapones para los oídos en mi mochila se ha convertido en un clarísimo acierto, hay que ponerlo, sin duda, en la lista para futuras ocasiones.

La etapa de hoy se va a salir de lo habitual. La variante sanabresa de la Vía de la Plata no cruza el Parque Natural de Sanabria, y nos parecía imperdonable no intentar cruzarlo y darle un toque de originalidad a este Camino, además de que, sin duda, lo haríamos más digno de recordar y más bonito y duro (¡¡¡no os podéis imaginar hasta qué punto!!!). Quizá por eso se respira un ambiente especial, hoy será, probablemente, la etapa más dura y completa de todas, así que será mejor empezarla con buen pie, es decir, con un buen desayuno.

Ayer acordamos con la señora del bar de la plaza, Bar Palacios, que desayunaríamos allí alrededor de las nueve de la mañana y que nos tuviera preparado algo, así que nos metimos una buena ración de tostadas para el cuerpo con dobles de café y emprendimos ruta intentando no retrasarnos demasiado ya que la jornada se prometía larga.

El camino comenzaba tranquilo, subida muy leve para ir calentando piernas poco a poco antes de llegar a Puebla de Sanabria, donde comenzarían las subidas más fuertes del día. Desafortunadamente no tardaron mucho en aparecer los problemas, esta vez le tocó a Mauri y su Cannondale. El cambio no paraba de saltarle de un piñón a otro y resultaba súper incómodo pedalear así, mucho más con las cuestas que nos esperaban. Primera parada, nuestro mecánico de confianza en ruta, Nando, se pone manos a la obra e intenta ajustar la tensión de los cambios, no tenemos muy claro que el problema esté ahí, pero parece la opción más lógica en principio. Continuamos y descubrimos que salta en casi cualquier combinación de piñón y platos, el arreglo anterior no había servido para nada y Mauri perdía la paciencia, creo que se andaba pensando quemar la bici y mira que parece tenerle cariño. Con la pista de que saltara en todos los piñones y platos buscamos otro motivo y ‘voila’,  encontramos la causa, la cadena está retorcida, uno de los eslabones está muy doblado y provoca un giro en la cadena que la hace saltar. ¿Solución?, pues o cambiamos el eslabón o intentamos enderezarlo. Optamos por la segunda, parece menos arriesgada. Gracias a la multi-herramienta de Nando que incluye unos mini alicates –otra cosa a incluir en la lista de indispensables para el futuro- logra dejarlo más o menos rectos. Tras unos kilómetros parece que la cosa está resuelta. En cualquier caso una llamada a un número de información telefónica para buscar la tienda de bicis más cercana que, desafortunadamente, no hay ninguna hasta Orense. Cuando lleguemos compraremos una cadena por si ésta decide romperse. La salud mental y de las rodillas de Mauri lo agradecerá. En esa misma tienda compraremos una cubierta plegable, ha sido una de las pocas cosas que se nos ha olvidado incluir en el equipaje este año.

Poquito a poco van pasando los kilómetros y ya estamos en Mombuey, el pueblo más grande de la comarca donde hacemos la segunda parada de la jornada para comprar algunas barritas, fruta y beber algo, más peso para las alforjas y alguno, el de siempre, aprovecha para descargar su interior 🙂 Llevamos dos horas y unos 15 kilómetros, demasiado retraso, tenemos que intentar subir un poco el ritmo o no llegamos ni de coña.

El camino continúa por pistas y senderos realmente bonitos, plagados de robles jóvenes aun sin reverdecer por estas latitudes. Subimos la velocidad media con la intención de llegar a comer al pueblo de El Puente, a media subida del Lago de Sanabria desde Puebla de Sanabria por dos motivos, uno, que así descansamos y empezamos frescos la parte más dura del día y, dos, que nos podemos meter una estupenda comilona en lugar que ya conocemos, el restaurante “La Chopera” en dicho pueblo, lugar que visitamos hace un par de años cuando nos vinimos a pedalear por los alrededores de Sanabria y donde comimos estupendamente, dejó muy buenos recuerdos.

Fuimos directos hasta el restaurante, recordábamos el camino, y menos mal, porque lo han remodelado completamente, si le llegan a cambiar el nombre juraríamos que no era el mismo, lo han puesto muchísimos más ‘pijo’. ¿Mantendrán los precios y la calidad de la comida?, mejor revisamos la carta antes de meternos… nos cuentan la carta y el menú del día y nos decantamos por este, incluye de todo y a un precio muy razonable.

Unos, los menos valientes, se decantaron por la pasta por aquello del pedaleo, y otros por los habones, léase judiones, de la zona y el guiso de carrillera. Acierto completo, muy recomendable, los habones muy finos y ricos –sus efectos secundarios durante la tarde y noche siguientes será igualmente recordados por todos los SanchoPanceros durante mucho tiempo- y la carrillera simplemente deliciosa. El lugar sigue estando en un paraje precioso.

 

Acabamos de comer, sol, mucho sol y calorcito, hasta hoy el tiempo nos acompaña, no nos podemos quejar ni un poquito, así que aprovechemos y a seguir, que queda lo peor. Volvemos al asfalto ya que hasta Ribadelago nuevo seguiremos por carretera, no encontramos opción viable por camino. Mala suerte de nuevo, Julio pincha y hay que repararlo, otra paradita recién salidos de comer. Sin mayor novedad alcanzamos “Ribadelago de Franco” y bordeamos el lago de Sanabria. Solo esto hace merecer la pena la subida –bastante suavecita, dicho sea de paso-, el entorno es realmente precioso. Por supuesto aprovechamos para hacernos una buena sesión fotográfica en una de las playas del lago donde alguno decide remojar los pies en las gélidas aguas del lago y, de paso, provocar unas risas, aunque os pueda parecer que está bailando una jota sobre una roca, pues no, estaba intentando mantener el equilibrio,.

  

Con los ánimos a tope seguimos adelante, en busca de Cambrils, una estación eléctrica y subimos un primer rampón empedrado de unos 25 metros en el que Mauri muestra que tiene ganas, y piernas, y llega arriba muy bien colocado… lamentablemente no sirve para nada, este no era el camino, bajamos, rodeamos la central y encontramos el senderito que tira para arriba. Nando dice aquello de esto es 100% ciclable y yo lo subo por mis webs, pero no va más allá de diez metros. Empezamos a subir por una zona de piedras que cada vez más y más y más y más, se va poniendo más escarpado y más vertical; imposible dar una pedalada. Bueno, estábamos avisados, unos 2 kilómetros de sendero empedrado y poco ciclable según Paco, uno de los de BiciZamora, así que no hay opción, a tirar de bici y subir como se pueda, sin prisa, pero sin pausa.

 

 

 

Empezamos a intuir lo que se nos avecinaba y necesitamos hacer paradas, cada vez más frecuentes, para reponer fuerzas.

Después de los primeros kilómetros subiendo una bici que con las alforjas pesa unos 25 kilos, ya no sabíamos si llorar, reír, o salir a buscar al de Bici-Zamora y darle las “gracias”; empezábamos a estar simplemente exhaustos.

Después de cerca de una hora subiendo por las piedras, nos encontramos a un paisano que dijo “CREO QUE SE HAN EQUIVOCADO”… no me extraña, a nadie en su sano juicio hubiera hecho la locura que estábamos haciendo.

A mitad de camino, vi una antigua vía de mina, donde trasladaban minerales, en esta zona había mucho carbón (antracita y hulla). Es el llamado ‘plano inclinado’ que va de Ribadelago al “Pico del Fraile”. Como podéis ver en la foto tenía mucha inclinación, me subí a investigar si había alguna salida arriba de la montaña que nos evitara el sufrimiento de empujar.

 

Las vistas desde arriba de la vía eran ¡¡¡IMPRESIONANTES!!! y a los Sancho Panceros se les veía como hormiguitas:

 

Por investigar esta opción, Marino y Mauri, que hasta entonces subía como una cabra montesa, se quedaron los últimos y piano piano siguieron subiendo despacito. Para más desgracia, Mauri pinchó la rueda delantera… es la primera vez que pinchaba sin montar en bici, no menos que curioso. A dos pinchitos les dio por alojarse en su cubierta. Gracias a Mariano que los localizó y los sacó, que sino monta la cámara y la pincha de nuevo.

De tanto empujar y tirar de las bicis, Mariano y Mauri andaban ya con una medio-pájara, así que tocaba descansar y comer frutos secos. Un buen rato después llegaron reventados a la cima donde el resto de Sancho Panceros les esperaban helados de frio.

Las expectativas de esta alternativa eran 2 km. de subida parcialmente ciclable….y al final salieron unos 5 km. Solo puedo decir una cosa… ME CA.O EN EL DE BICIZAMORA Y SU RECOMENDACIÓN….SI LE PILLAMOS LE DAMOS GORRAZOS HASTA EL DÍA DEL JUICIO FINAL (¡¡qué bien me he quedado!!).

Afortunadamente arriba estaba un hombre cuyo trabajo consistía en vigilar los embalses y abrir las compuertas no automatizadas. El resto del día lo dedicaba a contemplar el paisaje. Con su carácter seco castellano nos dio una información más que valiosa. Era prácticamente imposible que llegáramos a nuestro destino previsto: Padornelo. Este año había nevado mucho y tarde, por lo que las pistas que subían desde allí hasta los molinos de viento y luego bajaban a Padornelo o Aciberos estaban llenas de neveros y nos decía que íbamos a tener que empujar la bici durante muchos tramos. Dado que eran alrededor de las siete de la tarde o bajábamos por donde habíamos subido, o nos quedábamos a dormir con el señor –sin invitación- o cogíamos otra pista que nos conducía hasta el pueblo de Porto, fuera y a unos cuantos kilómetros al norte del Camino. Evidentemente, optamos por irnos hacia Porto y aquí seguía la aventura…

Dese luego no todos fueron penas, ni mucho menos, una vez arriba nos encontramos con unos paisajes simplemente MARAVILLOSOS: neveros preciosos, embalses helados, puestas de sol impresionantes.

 

Ya llevábamos como unos 60 km., pero la subida a pie nos había dejado tocados a todos, se avecinaban ratos difíciles, más vale que no haya ningún problema o nos encontramos en medio de la nada y de noche.

La zona es impresionante, para mi gusto, lo mejor del Camino de este año, sobre todo por lo diferente, inesperado y espectacular de la zona, paisajes de alta montaña sin duda.

El camino se convierte en un continuo sube y baja, suave pero a estas alturas cualquier cuestecilla se convertía en una dura rampa. Julio iba en las últimas, había que parar cada rato y convencerle de que comiera, quedaba mínimo una hora y no sabíamos qué nos esperaba. Mariano estaba al borde de la pájara, esta podía ser la cuarta histórica pájara de Mariano, ¿la pillaría o se libraría?. Nando iba bien y tirando del grupo. Mauri y Pablo aguantaban bien y Tony sin demasiadas alegrías, acompañando a los últimos, cuando las cosas se ponen mal, no conviene que nadie vaya solo atrás (lo sé por experiencia propia, muchos años y kilómetros atrás hacen aprender esas cosas 🙂 ).

Cada vez hay menos luz, la rueda de la Connor de Julio pierde aire y hay que volver a parar… esto pinta bastos, vamos a echarle un vistazo a esta cabaña de pastores, porque quizá nos toque dormir por aquí esta noche.

Seguimos adelante y vemos una de las imágenes más bonitas de este Camino, una presa bastante grande, el Embalse de Puente Porto, está delante nuestro y gran parte de su superficie está aun helada. ¡¡¡Estamos en abril y este embalse sigue helado!!!, más vale que no tengamos que dormir aquí arriba, nuestros sacos son para interior, no para exterior y temperaturas bajo cero. Como nos tengamos que quedar aquí arriba las vamos a pasar más que putas, no sé si todo el mundo es consciente de ello.

Sorprendentemente, de repente, me vuelven las fuerzas, lo del motor diesel se vuelve a cumplir, miro al reloj, no creo que queden más de 30 minutos de luz, y eso con suerte. Me pego un sprint y voy a por Mauri para ver cómo va, todo OK. Otro sprint y pillo  a Nando y Pablo. Creo que lo mas sensato es que ellos tres tiren delante y lleguen lo antes posible a Porto para ir buscando donde dormir y por si acaso… con que nos dejen la luz de Mauri para bajar de noche, será suficiente. No les parece muy buena idea, así que nos reagrupamos para bajar todos juntos, pero antes de andar cien metro pincha Pablo. Llamo a los tres de delante pero no me escuchas. Son alrededor de las nueve de la noche, hay 3º centígrados y entre Pablo, Mariano y yo nos ponemos manos a la obra a toda velocidad a reparar el pinchazo. Labor de equipo, cada uno hace una cosa, hay que arreglarlo rápido. Me da tiempo a ponerme los pantalones y los botines de lluvia para la bajada, seguro que los agradeceré. En un pis-pas lo arreglamos y tiramos para abajo, la temperatura ha bajado ya a 2,8ºC y apenas queda luz. Vemos a lo lejos una lucecita que sube, es Nando que viene para arriba con la luz de Mauri. Pablo y Mauri siguen camino de Porto.

Se hace de noche, bajamos por una pista muy pedregosa  y bacheada, y solo llevamos una luz de Mariano, la de Pablo que no alumbra apenas nada y la súper luz de Mauri que lleva Nando y que si que alumbra bien el camino, pero que no da para ir cuatro bajando. Pufff, qué chungas están las cosas!!!, y de repente, de la nada, aparece detrás nuestra un 4×4 con dos estupendos focos que nos ayudan a bajar con algo de luz el camino. La bajada es impresionante, subir por aquí tiene que ser realmente duro. Estoy congelado, hace un frío que pela, hay que ir absolutamente concentrado para intentar no salirte de la pista, no comerte las piedras más gordas y no meter las ruedas en los baches más gordos. Nando se lanza para adelante, va empalmado con el foco de Mauri, alumbra como si fuera un coche. Bajamos durante mucho rato, entre el frío y la tensión de las frenadas me duelen ya los brazos. No lo puedo disfrutar, por culpa del trasportín tengo la suspensión trasera bloqueada y tengo que ir con más cuidado todavía porque el portabultos me está dando problemas y como rompa, se acabó el Camino. Tras un buen rato bajando llegamos al cruce con la carretera que entra a un pueblo, suponemos que será Porto, y nos paramos para darle mil gracias –y lo que nos pida!!!- al señor del 4×4, nos ha venido estupendamente. Carretera abajo y en cinco minutos llegamos al pueblo: OBJETIVO CONSEGUIDO!!!… ¿seguro?, aun queda cenar y dormir, lo que parecía algo simple se convierte en otra odisea.

Nos da el tiempo justo a tomarnos una cafetito caliente en uno de los dos bares del pueblo. En el pueblo hay dos casas rurales, ambas cerradas y no logramos convencer a la dueña de una de ellas que nos la abra para esa noche, la tiene alquilada para el día siguiente y no se quiere arriesgar a que se la dejemos sucia. Mariano busca comida para cena/desayuno en una de esas tiendas de película, un ‘ultramarino’ de esos en los que venden de todo y nos han tenido una reforma desde que las abrieron aproximadamente en la época en que Franco era sargento… Nando encuentra al alguacil del Ayuntamiento que le lleva a las antiguas Escuelas, es lo que nos ofrecen para dormir esa noche. Ninguno entendemos muy bien el por qué, pero Nando está descojonado de la risa de dormir allí: un edificio viejo, medio hecho polvo, sin ventanas ni puertas… vamos, que la cosa, de nuevo, pinta mal.

En cuanto a la cena, no dan cenas en ninguno de los dos baretos del pueblo. Afortunadamente logramos comerle la oreja al dueño del otro bar y le convencemos para que nos prepare algo, lo que sea. Como le es más cómodo por aquello de no llevar cubiertos y demás al bar –es bar, no restaurante-, nos vamos a su casa, donde su mujer, una señora muy agradable, nos da de cenar lo típico en estos casos, ensalada, filetes y patatas fritas más algo de fruta, pero da igual, nos sabe a manjares de Reyes, estamos muertos de hambre y le agradecemos mil veces su simpatía y comida.

Tras la cena, con el estómago al menos calmado y, por lo tanto, con más ánimo, hablamos con el Alcalde del pueblo, por sugerencia de la señora del bar, a ver si nos pueden dejar algún sitio al menos cerrado donde dormir.

Tras insistirle un poco porque no quería dejarnos el Ayuntamiento –no se fiaba- y ofrecernos únicamente las Escuelas que ya habíamos visto, se le ocurre al señor la idea genial de la noche…. el TANATORIO del pueblo. Desde luego va a ser un sitio tranquilo donde dormir, así que tras los previsibles chistes de vayamos a descansar, que no a descansar en paz, nos vamos para allá, no hay otra opción, o ahí o en las Escuelas…

Desde luego como experiencia, inolvidable, Pablo decide dormir sobre una mesa para evitar el frío del suelo, el resto tiramos algo de ropa para aislar el saco –no llevamos esterillas- del frío y nos tiramos a dormir como podemos. Nando decide visitar la salita de los difuntos, donde hay una mesa con una pinta relativamente acogedora… si no llega a ser porque es de mármol y, por lo tanto, más fría que el suelo, la salita y su mesa habría tenido, probablemente por primera vez, un huésped hecho polvo, pero vivo 🙂

  

 

Descansar, lo que se dice descansar, no es que descansáramos mucho. Pasamos un frío del copón, a la mañana siguiente nos dolía todo, y encima Pablo volvió a roncar 🙂 pero eso si, ¡¡¡anda que no vamos a contar anécdotas de esta etapa!!!, seguro que la vamos a recordar durante muchos, muchos años, hasta que el alemán ese que cambia las cosas de sitio se acuerde de nosotros 😀

¿Qué nos pasará mañana?.

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